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Del Quijote ibérico y otras andanzas

El asunto de los test es solo la punta del iceberg de nuestra dependencia del mercado asiático. Fletar mascarillas chinas, un acto de solidaridad que demuestra nuestro espíritu quijotesco, pero… ¿no tendremos que reflexionar sobre la triste realidad de un país ajeno a su sector productivo, incluido el joyero?

Quijote en tu país… Si me permiten, voy a empezar este escrito anecdótico, en plena cuarentena ante el “bicho”, con las andanzas de un Quijote ibérico, importador por más señas, en tierras de China. Antes de que esta echara “persiana” a sus fronteras.

Como somos más que valientes los nacidos en esta piel de toro, nos vemos a un señor como cualquiera de nuestro sector, trajeado y con las maletas en el aeropuerto, rumbo al país de la mandarina. Estamos hablando de la primera quincena de marzo. Aquí en España nos pensábamos por entonces libres de “pecadovirus”, libres de culpa y castigo.

Tres escalas, una de ellas en Honk Kong. Allí, como habían suspendido la feria, ni le hicieron poner pie para entrar en cuarentena. Y finalmente aterrizaje en un aeropuerto del país asiático. “La profesionalidad y el control con que nos recibieron a los pasajeros no la había visto nunca antes en China -explica-. Con todo tipo de tests, analíticas, pruebas de fiebre, etc. Y sobre todo revisando bien el pasaporte, que no se viera de un país de riesgo, como en aquellos momentos, Italia”.   

Llegada al hotel, y en recepción se repite el mismo meticuloso e higiénico proceso que en la aduana. Y todo ello cada vez que entraba y salía del hotel, ocho o diez veces al día. “Y cada vez que cogía un taxi, más de seis al día”. El mismo taxista hacía control de fiebre. Y el que podía subir a este, parapetado tras una mampara. 

Cada día nuestro importador recibía dos mascarillas y líquido desinfectante con cargo al Gobierno chino -un inciso, la que escribe se gastó más de 100 euros en ello tras deambular por media Barcelona y 11 farmacias la semana antes del inicio del estado de alarma, por no hablar de la escasez en los lugares verdaderamente necesitados-.

Continuamos con la historia de nuestro compañero. La empresa a la que iba de visita, 5.000 personas trabajando, todas protegidas con mascarilla, todos aislados… Y para demostrar no ser visitante de riesgo, vuelta al protocolo. 

Explica nuestro importador que el “miedo que tienen ahora no es que estén contagiados, sino que les vuelvan a contagiar”.

De vuelta vía París, con “una gran confusion en el avión, sin protocolos de seguridad, sin medida alguna de protección; ni muchos menos al llegar a la península ibérica. Amanece en casa un 16 de marzo y al protocolo: 14 días separado de la familia. El miedo que tiene ahora es que parece no venir contaminado, pero… 

Les cuento esto para encadenar historias. No hacía más de dos días, hablando con un fabricante español, este me comentaba que el COVID-19 nos debe hacer reflexionar sobre nuestra dependencia con el mercado asiático. Su realidad no era para echar cohetes: taller en actividad cero, esperando la aprobación del ERTE, 60.000 euros en pedidos parados… “Y no los puedo enviar al cliente, ¿quién va a querer ahora mercancía si tienen las tiendas cerradas?”

Y luego está lo de los giros devueltos, “que nos están hundiendo, y esto es una cadena”. Afirma que, por su parte, han tenido que pedir crédito para pagar a sus proveedores, mientras, al otro lado, algunos de sus clientes han decidido parar los pagos. “Esta insolidaridad duele”.

Pero volviendo a las mascarillas, las que regala gratis el Gobierno chino en China. No se trata de remover lo que ya todos sabemos, pero sí apuntarlo. Escasez de material, Quijotes del sector – cuyas aventuras hemos relatado- luchando por traer a flote material sanitario a costa de su bolsillo y dolor de cabeza. Y encontrándose con mil y pico obstáculos para desembarcarlo en los “puertos” necesitados. Me insiste el fabricante, “no solo con el producto joyero, sino también con las mascarillas. Nos tienen cogidos por las p…”. Se refiere al “Made in China”.

Supongo que más de un lector-a, ha pensado en los tests que nos llegaron, tan de fiar… A nuestro espíritu quijotesco le salen molinos por doquier, con las aspas oblícuas. Ahí lo dejo. 

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